miércoles, 28 de marzo de 2012

Los trabajadores de una filial de Telefónica en México denuncian manipulación sindical

Dicen que cuando fueron contratados por Atento, propiedad de la empresa española, firmaron sin darse cuenta la adhesión a un sindicato fuertemente controlado por la empresa.




Durante un terremoto de magnitud 5,6, Eduardo Vargas se levantó de su cubículo en un centro de atención telefónica de Atento en México D.F. e intentó evacuar el oscilante edificio.

No logró llegar muy lejos. Vargas asegura que sus supervisores bloquearon las salidas y ordenaron a los atemorizados empleados de Atento que continuasen trabajando.

Aunque nadie en el centro de atención telefónica resultó herido, el
mezquino trato de sus supervisores hizo que Vargas y una docena de compañeros decidiesen apuntarse al Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, para presionar a Atento y lograr mejoras salariales y de condiciones laborales.

Pero, para su sorpresa, se enteraron de que ya
formaban parte de un sindicato.

Y eso es porque cuando fueron contratados por Atento, propiedad de la española Telefónica, firmaron sin ser conscientes la adhesión a un
sindicato controlado por la empresa, que contribuye a frenar los salarios y a mantener una fuerza laboral dócil.

Según la ley mexicana, el sindicato con más miembros (en este caso el sindicato oficial de Atento) controla las negociaciones del convenio.

Por ello, Vargas y otros compañeros que se pasaron al más activo Sindicato de Telefonistas
no tienen poder de negociación.

“Cuando los sindicatos no consiguen defender a los trabajadores, todo está perdido”, se lamenta Vargas.

El caso de Atento, muy difundido en el ámbito del sindicalismo tanto en EEUU como en Europa, es un claro ejemplo del
poder y la omnipresencia de los sindicatos controlados por las compañías que ayudan a los empresarios en México a minimizar costes y a mantenerse firmes ante las demandas de mejoras de los trabajadores.

Casi todos los sindicatos en México “protegen al patrón, y no al trabajador”, asegura María Xelhuantzi López, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma Nacional de México.

No exagera.

En torno al 10 por ciento de la fuerza laboral de México cuenta con carné sindical, pero
nueve de cada 10 sindicalistas pertenecen a "organizaciones oscuras, pro-empresarios y carentes de democracia interna", afirma Xelhuantzi.

Por este motivo la profesora calcula que la proporción de trabajadores mexicanos que pertenecen a sindicatos auténticos que luchan por sus derechos está
en torno al uno por ciento, lo que supone una de las tasas más bajas de sindicalismo del mundo.

En México los sindicatos fraudulentos se conocen como
“sindicatos de protección”.

Sus líderes, que a menudo reciben comisiones, negocian acuerdos secretos con los jefes de las empresas con el objetivo de blindarlas frente a huelgas y demandas de los trabajadores de  incrementos salariales y beneficios.

Esos acuerdos, a su vez, se conocen como
“contratos de protección”.

Los sindicatos y los contratos de protección son
ilegales en EEUU.

Sin embargo, en torno al 60 por ciento de las empresas multinacionales extranjeras que operan en México son de EEUU y “prácticamente todas ellas se benefician de estos contratos de protección”, dice Robin Alexander, director de asuntos sindicales internacionales del sindicato estadounidense United Electrical, Radio and Machine Workers Union.

Al igual que Vargas y sus compañeros en Atento, la mayoría de los trabajadores mexicanos no son conscientes de pertenecer a sindicatos de protección porque estas organizaciones no cobran cuota, y sus líderes apenas tienen contacto con las personas a las que en teoría representan.

También intentan engañar a los trabajadores utilizando un lenguaje beligerante, ensalzando el “poder para el pueblo”, cuando en realidad hacen que las empresas les paguen lo mínimo, asegura el abogado laboralista mexicano Carlos de Buen.

Según un reciente informe del Departamento de Estado de EEUU, los abusos son a menudo tan exagerados que en las empresas nuevas sus gestores a menudo firman contratos de protección con los líderes sindicales aún antes de contratar a empleado alguno.

Como estas prácticas le quitan poder de negociación a los trabajadores mexicanos, los sindicatos de protección son una herramienta empresarial que contribuye a bajar unos sueldos que llevan 30 años cayendo en términos reales, según De Buen.

Esta parálisis salarial también perjudica a los trabajadores estadounidenses, al animar a los fabricantes de EEUU a trasladar al sur sus plantas y hacer indirectamente que caiga la demanda mexicana de productos importados de EEUU.

“Cuando esto ocurre, los trabajadores en los dos países salen perjudicados”, señala Dan Kovalik, asesor legal del sindicato estadounidense United Steelworkers.

Como consecuencia de todo esto, Kovalik y otros sindicalistas de EEUU, muchos de los cuales solían ver a los trabajadores mexicanos como el enemigo que les robaba los puestos de trabajo, están ahora ofreciéndoles su apoyo, asesoramiento y solidaridad, a fin de lograr el fin de la posición dominante de los sindicatos de protección.

Durante mucho tiempo las multinacionales “han podido dividirnos por raza, frontera, idioma y orientación política, mientras iban aumentando sus ganancias, escribió el mes pasado el presidente del sindicato United Auto Workers, Bob King, en una carta de apoyo a los mexicanos que cobran sólo 16,5 dólares al día en una fábrica de automóviles Honda y que intentan constituir un sindicato independiente.

“Como sindicalistas tenemos que pensar cómo trabajar juntos, sin tener en cuenta nuestras nacionalidades”, escribió. “De lo contrario, vamos a seguir compitiendo en una carrera hacia el fondo”.

Pero constituir sindicatos democráticos en México puede resultar una apuesta larga y desmoralizadora.



1 comentario:

  1. Los sindicatos..; son todos una panda de mafiosos al servicio de la patronal, en Mexico, España y en Fernando Poo!!

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