viernes, 26 de octubre de 2012

El padre del videojuego promete «más diversión» ante el avance imparable de la tecnología


Creadores del mundo de la literatura, el cine, la fotografía y las ciencias interactivas elevan a la categoría de arte las creaciones de Miyamoto, que se dio un baño de masas en Gijón

 

 Los populares Mario y Luigi, en Begoña, antes de la llegada del galardonado.


Lo mejor está por llegar. Para Shigeru Miyamoto el avance de la tecnología es tal que su objetivo es «seguir creando» sin más límite que el de hacer cosas «todavía más divertidas». El «Walt Disney» del ocio interactivo que dice no tener más inspiración que aquella basada en experiencias personales augura un futuro con avances imparables donde los ordenadores estarán orientados a hacer más útil y práctica la vida de las personas. 

«Mis padres no jugaban a los videojuegos. Me decían: "¡enséñanos, enséñanos! " y ponían caras contentas pero no lo tocaban», confesó anoche ante un millar de personas entregadas, en el teatro Jovellanos de Gijón, con el aforo lleno. 

Entre el público había gorras de sus personajes más famosos, «Mario» y «Luigi» y material de todo tipo de «Donkey Kong», la princesa Peach, «Yoshi» y la saga «The legend of Zelda», además de cartuchos de consolas, camisetas y muñecos. De su éxito habla como el resultado de un montón de casualidades encadenadas. «Soy un hombre feliz», declaró antes de agradecer la labor del equipo que le acompaña en sus ingeniosas creaciones desde casi desde hace treinta años «como si fuéramos una banda de música».

El hombre, que ha realizado una de las grandes aportaciones a la expansión global del ocio interactivo, posó divertido para los medios gráficos acompañado de «Mario» y «Luigi» y se entusiasmó con el análisis realizado por la fotógrafa Isabel Tallos; el escritor Fernando Marías; el director de la película de animación «Tadeo Jones», Enrique Gato, y el creador de «Commandos», Gonzo Suárez, sobre la aportación del videojuego al mundo de las artes. «Lo más divertido para nosotros en todo este tiempo ha sido poder unir a todo el mundo. A la hora de crear videojuegos siempre he pensado en que la familia pudiera disfrutar en conjunto», desveló.

Uno de sus más jóvenes fans aprovechó el turno de preguntas para interrogar a Miyamoto sobre cómo forjarse un futuro en el mundo del videojuego. «Me encanta que haya mucha gente como tú. Lo importante es pensar en algo original», apuntó el creador japonés.

De «Mario», uno de sus personajes más populares, remarcó que «ha sido como una representación mía; lo que me divierte mucho es verlo moverse en un mundo en tres dimensiones». Ni siquiera cuando no existía aún la profesión de creador de videojuegos se rindió Miyamoto, cuyo objetivo ha sido siempre «encontrar un camino nuevo». 

De la senda abierta hace ya tres décadas por Miyamoto hablaron otros creadores, como Fernando Marías, que en su breve aportación al homenaje al mundo del videojuego anoche en Gijón se confesó maravillado por el «milagro» que opera el ocio digital, al permitir adentrarse en una realidad distinta cada vez y «con horizontes infinitos». Lo importante para Marías a la hora de realizar una narración no es tanto el formato sino «crear emociones». Un reto en el que el galardonado con el premio «Príncipe de Asturias» de Comunicación y Humanidades se muestra volcado. «Las historias que tengo soy muy sencillas. 

No es sólo cuestión de narrar, sino de que el jugador viva la experiencia», advirtió Miyamoto tratando de explicar así una de las claves de su éxito. Para Gonzo Suárez uno de los aciertos de Nintendo y el equipo de Miyamoto ha sido precisamente el hecho de poner «su imaginación al servicio del jugador». A su juicio, el videojuego ha canalizado formas de expresión muy potentes y es, a día de hoy, «el arte con más integración de artistas». 

De arte y sueños podía hablar anoche también David José Hernández Lozano, tinerfeño de 11 años, que vio cumplido el objetivo de llevarse en su consola Nintendo uno de los dos autógrafos que Shigeru Miyamoto dejó en Gijón. El otro lo pudieron ver -aunque no tocar- los presentes en el acto celebrado en el teatro Jovellanos. «Me encanta. Le invité a venir a Lanzarote porque es una isla única», apuntó el niño, acompañado de unos padres felices por un acto «tan bonito». 

El encuentro con el padre de «Mario Bros» fue en el «backstage» del coliseo gijonés junto a otro joven asturiano al que la Fundación Príncipe había facilitado cumplir el mismo objetivo que David. 

«No le pude decir todo lo que quería porque hubo poco tiempo», confesaba el tinerfeño, todavía emocionado tras unos poco minutos, cara a cara, con su ídolo, acompañado de sus padres. Ahora ya no se separará de su consola. Para hacer más memorable el recuerdo, la música de «SuperMario» a la gaita sonó a los presentes como «un auténtico regalo». El «ensamble» musical formado por Óscar Camacho, David Casillas y Julio Sánchez-Andrade removió a muchos en sus asientos ante lo novedoso de presentar la música de los juegos más populares de Nintendo con piano, contrabajo y batería. 

El único disgusto fue para el numeroso grupo de fans que esperaba ansioso un autógrafo a la salida del premio «Príncipe» de Comunicación y Humanidades 2012 del Jovellanos. Miyamoto señaló a su reloj para disculparse de no poder compartir más tiempo con los fans en Gijón. No obstante, en el resumen de la noche que hacía el periodista Toni Garrido, conductor del acto, coincidían todos. «Una experiencia única con un genio». El protagonista sólo atendía a decir: «Si hay una nueva tecnología voy a crearla para Mario». Queda dicho. 

El sueño logrado del tinerfeño David José Hernández, de 11 años, permitió a Miyamoto marcharse de Gijón con una bolsa cargada de regalos. David, que tuvo ocasión que compartir unos minutos con el premio «Príncipe» de Comunicación y Humanidades 2012, le entregó varios presentes como agradecimiento. El niño trajo desde Arrecife, su localidad de residencia, para Miyamoto incienso, un calendario, un libro de litografías del presidente del cabildo de Lanzarote, una artesanía y una invitación personal «para visitar una isla única».

 

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