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jueves, 8 de marzo de 2012
El Atleti jugará contra Julio Alves, su fichaje fantasma
Julio Alves fue fichado por el Atlético de Madrid a falta de un mes para el cierre del mercado, pero fue vendido in extremis al Besiktas antes de que terminara el plazo, sin llegar a debutar.
El Besiktas visita el Vicente Calderón y uno de los principales atractivos será el regreso de Simao a la que fue su casa durante tres temporadas y media. Sin embargo, hay otro futbolista en las filas del Besiktas al que el Atlético de Madrid no le suena indiferente.
Se trata de Julio Alves, un joven portugués de apenas 20 años por el cual el Atlético de Madrid se interesó el pasado verano. El Atlético de Madrid llegó a un acuerdo con el jugador y con el club en el que militaba, el Rio Ave portugués, y la operación se cerró en torno a unos 2 millones de euros.
En la dirección deportiva del club se pretendía ceder al portugués un año a algún club de su país o bien que pasara a formar parte del filial, de Segunda B.
Sin embargo, una operación semiclandestina de última hora anunciada por el club rojiblanco con un escueto comunicado, traspasaba nuevamente al joven futbolista luso al Besiktas turco, equipo con el que el Atlético de Madrid mantiene una alianza estratégica. Apenas unas horas faltaban para que el mercado de fichajes se cerrase y Julio Alves dijo adiós al equipo colchonero sin ni siquiera haberse pasado por Madrid. El Atleti pareció ejercer como simple intermediario de una operación francamente misteriosa.
Julio Alves juega de central. Ingresó en las categorías inferiores del Oporto procedente de la cantera del Varzim, para terminar fichando por el Rio Ave en 2008. Tras una cesión al Vila do Conde, Julio regresó al Rio Ave donde no tuvo muchos minutos. Sus buenas actuaciones con el combinado sub 20 de su país le valieron el interés de varios clubes a este jugador, casualmente representado por Jorge Mendes. Su hermano, Bruno Alves, juega en el Zenit de San Petersburgo.
El Atlético puede recomprar a Ibrahima por 500.000 euros
Ante el posible interés del Colonia alemán por el delantero rojillo Ibrahima, Osasuna insistió ayer en que el Atlético de Madrid tiene una opción de recompra. Cabe recordar que el fichaje de Ibra se enmarcó dentro del traspaso de Juanfran al Atlético por 4,2 millones.
En esa operación el Atlético se reservó una opción de recompra que, si es para quedárselo en la primera plantila, es de 500.000 euros si la ejecuta antes del 31 de mayo de 2012; de un millón si es antes del 31 de mayo de 2013, y de 1,5 millones si es antes del 31 de mayo de 2014.
Si es para venderlo a un tercerlo, las cantidades son 750.000, 1.250.000 y 1.750.000 euros, respectivamente.
El Atlético de Madrid, ante la amenaza turca liderada por Simão
Diego Simeone cuenta con seis bajas para este partido
El Atlético de Madrid encara hoy en el Vicente Calderón la ida de los octavos de final de la Europa League, en el que será un duelo inédito ante el Besiktas, que estará marcado por el regreso de Simão Sabrosa al feudo colchonero. Los madrileños se han conjurado para dar una alegría a su afición y lograr una buena renta con la que hacer frente al ambiente hostil que se encontrarán en la vuelta en Estambul.
Además, la estadística está a favor de los de Diego Pablo Simeone, ya que los rojiblancos han ganado sus últimos seis partidos europeos disputados en el Calderón desde la derrota por 2-3 ante el Aris Thessaloniki en la fase de grupos de esta competición, pero de la pasada temporada.
El técnico argentino deberá variar el once, debido a las bajas de algunos de sus jugadores claves, ya que no podrá contar con los lesionados Arda Turan, que se pierde un partido especial para él tras su pasado en el Galatasaray, Tiago, Diego, Antonio López y Silvio, mientras que Assunçao se pierde el choque al tener que cumplir partido de sanción y Fran Mérida no está inscrito.
El Atlético de Madrid espera arrasar al Besiktas en el Calderón
El preparador argentino deberá variar el once, debido a las bajas de algunos de sus jugadores claves
El Atlético de Madrid encara este jueves (19.00 horas/Canal+) en el Vicente Calderón la ida de los octavos de final de la Europa League, en el que será un duelo inédito ante el Besiktas, que estará marcado por el regreso de Simao Sabrosa al feudo colchonero.
Los colchoneros, que quieren reencontrarse con el triunfo, tras cinco jornadas ligueras sin ganar, con cuatro empates y una derrota y sólo tres goles a favor, aunque con las victorias europeas ante el Lazio, entre medias, se han conjurado para dar una alegría a su afición y lograr una buena renta con la que hacer frente al ambiente hostil que se encontrarán en la vuelta que se disputará en Estambul.
El preparador argentino deberá variar el once, debido a las bajas de algunos de sus jugadores claves, ya que no podrá contar con los lesionados Arda Turan, que se pierde un partido especial para él tras su pasado en el Galatasaray, Tiago, Diego, Antonio López y Silvio, mientras que Assunçao se pierde el choque al tener que cumplir partido de sanción y Fran Mérida no está inscrito.
Un partido emotivo para el centrocampista portugués Simao Sabrosa, que un año después regresa al estadio Vicente Calderón, donde se reencontrará con muchas caras amigas, mientras que también será un poco especial para Julio Alves, que llegó al club turco procedente del Atlético, donde estuvo un sólo mes después de que fuera fichado del Rio Ave FC en verano.
Los otomanos llegan al feudo colchonero con el claro deseo de llevarse un resultado asequible para sentenciar el pase al calor de su afición, aunque Carlos Carvalhal deberá solventar este duelo con la ausencia de su delantero Hugo Almeida, que está lesionado en la rodilla.
Sin embargo, los rojiblancos deberán frenar al centrocampista luso Ricardo Quaresma, que intentará que la marcha del Besiktas siga, ya que han ganado sus últimos dos desplazamientos europeos, una racha que llega después de sumar cuatro derrotas consecutivas a domicilio.
Ficha Técnica
ATLÉTICO DE MADRID: Courtois; Juanfran, Godín, Perea, Filipe; Salvio, Mario Suárez, Gabi, Koke; Adrián y Falcao.
BESIKTAS: Gönen; Ibrahim Toraman, Tomas Sivok, Sidnei; Manuel Fernandes, Quaresma, Ekrem Dag, Simao, Demirci, Fabian Ernst y Edu.
--ARBITRO: Jonas Eriksson (SUE).
--ESTADIO: Vicente Calderón.
--HORA: 19.00/Canal +.
El partido de la nieve y la generación del 56
San Mamés, foto coloreada del Athletic-Manchestrer de 1957.
En el curso 1956-57 ocurrieron grandes acontecimientos en el mundo, como la invasión soviética de Hungría, el nacimiento del Mercado Común, germen de la actual Unión Europea, o el lanzamiento por los rusos del Sputnik, primer satélite artificial. En el ámbito interno, 1956 es también el año que da nombre a la generación de los Múgica, Pradera, Tamames y demás discípulos de Jorge Semprún, detenidos tras su precursor intento de movilizar a los estudiantes contra Franco.
Y, en fin, a orillas del Nervión se recuerda como el curso en el que el Athletic, que había sido campeón de Liga y Copa, participó por primera vez en la Copa de Europa. Para los bilbaínos que por entonces cursaban el bachillerato, la fecha clave de esa participación europea fue el 16 de enero de 1957.
Ese día, a partir de las 15.30 (pues aún no había iluminación eléctrica en San Mamés), se enfrentaron el Athletic y el Manchester United, campeón de la Liga inglesa, en los cuartos de final de la competición continental. Los de San Mamés habían eliminado al Oporto y también, contra pronóstico, al Honved de Budapest, considerado uno de los mejores conjuntos del mundo, en el que jugaban figuras legendarias como Czibor, Kocsis o, sobre todo, su capitán, Ferenc Puskas, que estaba a punto de cumplir los 30 años pero al que quedaban aún muchísimos goles por marcar hasta su retirada, a los 38, en 1966, vistiendo la camiseta del Madrid.
Los niños de Bilbao que ocupaban el triángulo de la grada de general reservado para ellos en San Mamés nunca olvidarían la imagen del astro húngaro dirigiéndose junto a Gainza a depositar el tradicional ramo de flores ante el busto de Pichichi. Era el mes de noviembre de 1956, semanas después de la entrada de los tanques en Budapest, razón por la cual el partido de vuelta no se jugó en Hungría sino en el estadio Heysel de Bruselas. Pasó a cuartos el Athletic por el tanteo global de 5-4, lo que desató en la ciudad una euforia incontenible con vistas a la siguiente eliminatoria, contra el Manchester.
El United, nacido en un barrio ferroviario de la ciudad que sirvió para adjetivar al capitalismo industrial de fines del XVIII, fue fundado en 1878, aunque no adoptó el nombre por el que sería universalmente conocido hasta 1902. Durante la Segunda Guerra Mundial, su estadio de Old Trafford fue bombardeado y casi destruido, por lo que durante algún tiempo tuvo que jugar en el campo de su eterno rival, el Manchester City. Por entonces debutó como entrenador y luego manager general del club el escocés Matt Busby, el alma del equipo entre 1945 y 1969.
A mediados de los 50 renovó la plantilla integrando a varios juveniles, entre los que destacaba Duncan Edwards, un medio izquierdo que fue internacional a los 16 años, y también Bobby Charlton, un delantero de enorme clase, inteligencia y elegancia. Con esos mimbres, la cuadrilla de Busby ganó la Liga 1955-56 y, a diferencia del Chelsea, ganador de la temporada anterior, aceptó participar en la Copa de Europa. Así es como, tras eliminar al Anderlecht y al Borussia de Dortmund, llegó a los cuartos de final.
El encuentro de ida se jugó en la Catedral. Fue el famoso partido de la nieve, nombre con el que entró a formar parte de la memoria colectiva de la afición local. Impresiona ver, en el reportaje de un NO-DO de entonces que en ocasiones señaladas reproduce alguna televisión, la imagen del césped de San Mamés totalmente blanco bajo una incesante nevada. En mi colegio, el de los Escolapios, en cuyo patio aprendió a regatear y chutar el mismísimo Pichichi, había los que tenían entrada y los que lo oyeron por la radio.
Entre los primeros estaba José María Arrate, futuro presidente del club (1994-2001), que había sido castigado a pasar la tarde estudiando en un aula de la planta baja y que se escapó por una ventana para no perderse el partido. Proeza que forma parte de su currículo rojiblanco. Siendo yo uno de los que aquel día no tenían entrada, creo poder afirmar que la realidad vista puede ser menos interesante que la imaginada por quien escucha, ya sea por la radio o relatada por un testigo.
El reportaje de NO-DO no llega ni de lejos a transmitir una emoción comparable a la que nos hizo vivir el relato del 5-3 que registró el marcador. El primer tiempo terminó con un tranquilizador 3-0, con dos goles de Uribe y uno de Marcaida. Pero los ingleses marcaron otro par en los primeros minutos del segundo, a los que respondieron los de casa con otros dos (Merodio y Artetxe). Así habría finalizado el match de no ser por el golazo del irlandés Liam Whelan casi al final.
El partido de vuelta, el 2 de febrero, terminó con la victoria del United por 3-0 y la eliminación de los nuestros. Fue una gran decepción, sobre todo por lo inesperado. Nos habíamos llegado a creer, al menos los niños, que el Athletic era imbatible. De ese partido no quedó apenas memoria, y circunstancias como que el portero, Carmelo, jugó gran parte del encuentro con una lesión de rodilla, habían sido olvidadas hasta que hace unos meses lo recordó él mismo.
En cambio, la memoria del 5-3 de San Mamés se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días. La mitificación de aquel encuentro bajo la nieve de enero se vio reforzada por la tragedia: un año después, el 6 de febrero de 1958, el avión en que viajaba el Manchester de regreso de Belgrado se estrelló en el aeropuerto de Múnich. Murieron 24 personas, entre las que figuraban ocho jugadores, seis de los cuales habían jugado en San Mamés.
En la siguiente ocasión en que el Athletic jugó la Copa de Europa, en 1983, tras la primera Liga de Clemente, le tocó enfrentarse al Liverpool. A los periodistas de Bilbao enviados a esa ciudad el club británico nos ofreció la posibilidad de una excursión en el autobús de su equipo.
Les dijimos con total sinceridad que nos gustaría conocer el estadio del Manchester United, Old Trafford, el teatro de los sueños, en recuerdo de la eliminatoria disputada en 1957. Manchester está a unos 50 kilómetros de Liverpool, y hasta allí nos llevó aquel maravilloso bus, que dio una vuelta por el perímetro del estadio mientras nos dejábamos invadir por la nostalgia.
Ignorábamos que el partido de hace 55 años contra el United no se había disputado en Old Trafford, que estaba en obras, sino en Maine Road, el campo del City, su enemigo secular. En fin, así es la vida, y así su memoria.
Y, en fin, a orillas del Nervión se recuerda como el curso en el que el Athletic, que había sido campeón de Liga y Copa, participó por primera vez en la Copa de Europa. Para los bilbaínos que por entonces cursaban el bachillerato, la fecha clave de esa participación europea fue el 16 de enero de 1957.
Ese día, a partir de las 15.30 (pues aún no había iluminación eléctrica en San Mamés), se enfrentaron el Athletic y el Manchester United, campeón de la Liga inglesa, en los cuartos de final de la competición continental. Los de San Mamés habían eliminado al Oporto y también, contra pronóstico, al Honved de Budapest, considerado uno de los mejores conjuntos del mundo, en el que jugaban figuras legendarias como Czibor, Kocsis o, sobre todo, su capitán, Ferenc Puskas, que estaba a punto de cumplir los 30 años pero al que quedaban aún muchísimos goles por marcar hasta su retirada, a los 38, en 1966, vistiendo la camiseta del Madrid.
Los niños de Bilbao que ocupaban el triángulo de la grada de general reservado para ellos en San Mamés nunca olvidarían la imagen del astro húngaro dirigiéndose junto a Gainza a depositar el tradicional ramo de flores ante el busto de Pichichi. Era el mes de noviembre de 1956, semanas después de la entrada de los tanques en Budapest, razón por la cual el partido de vuelta no se jugó en Hungría sino en el estadio Heysel de Bruselas. Pasó a cuartos el Athletic por el tanteo global de 5-4, lo que desató en la ciudad una euforia incontenible con vistas a la siguiente eliminatoria, contra el Manchester.
El United, nacido en un barrio ferroviario de la ciudad que sirvió para adjetivar al capitalismo industrial de fines del XVIII, fue fundado en 1878, aunque no adoptó el nombre por el que sería universalmente conocido hasta 1902. Durante la Segunda Guerra Mundial, su estadio de Old Trafford fue bombardeado y casi destruido, por lo que durante algún tiempo tuvo que jugar en el campo de su eterno rival, el Manchester City. Por entonces debutó como entrenador y luego manager general del club el escocés Matt Busby, el alma del equipo entre 1945 y 1969.
A mediados de los 50 renovó la plantilla integrando a varios juveniles, entre los que destacaba Duncan Edwards, un medio izquierdo que fue internacional a los 16 años, y también Bobby Charlton, un delantero de enorme clase, inteligencia y elegancia. Con esos mimbres, la cuadrilla de Busby ganó la Liga 1955-56 y, a diferencia del Chelsea, ganador de la temporada anterior, aceptó participar en la Copa de Europa. Así es como, tras eliminar al Anderlecht y al Borussia de Dortmund, llegó a los cuartos de final.
El encuentro de ida se jugó en la Catedral. Fue el famoso partido de la nieve, nombre con el que entró a formar parte de la memoria colectiva de la afición local. Impresiona ver, en el reportaje de un NO-DO de entonces que en ocasiones señaladas reproduce alguna televisión, la imagen del césped de San Mamés totalmente blanco bajo una incesante nevada. En mi colegio, el de los Escolapios, en cuyo patio aprendió a regatear y chutar el mismísimo Pichichi, había los que tenían entrada y los que lo oyeron por la radio.
Entre los primeros estaba José María Arrate, futuro presidente del club (1994-2001), que había sido castigado a pasar la tarde estudiando en un aula de la planta baja y que se escapó por una ventana para no perderse el partido. Proeza que forma parte de su currículo rojiblanco. Siendo yo uno de los que aquel día no tenían entrada, creo poder afirmar que la realidad vista puede ser menos interesante que la imaginada por quien escucha, ya sea por la radio o relatada por un testigo.
El reportaje de NO-DO no llega ni de lejos a transmitir una emoción comparable a la que nos hizo vivir el relato del 5-3 que registró el marcador. El primer tiempo terminó con un tranquilizador 3-0, con dos goles de Uribe y uno de Marcaida. Pero los ingleses marcaron otro par en los primeros minutos del segundo, a los que respondieron los de casa con otros dos (Merodio y Artetxe). Así habría finalizado el match de no ser por el golazo del irlandés Liam Whelan casi al final.
El partido de vuelta, el 2 de febrero, terminó con la victoria del United por 3-0 y la eliminación de los nuestros. Fue una gran decepción, sobre todo por lo inesperado. Nos habíamos llegado a creer, al menos los niños, que el Athletic era imbatible. De ese partido no quedó apenas memoria, y circunstancias como que el portero, Carmelo, jugó gran parte del encuentro con una lesión de rodilla, habían sido olvidadas hasta que hace unos meses lo recordó él mismo.
En cambio, la memoria del 5-3 de San Mamés se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días. La mitificación de aquel encuentro bajo la nieve de enero se vio reforzada por la tragedia: un año después, el 6 de febrero de 1958, el avión en que viajaba el Manchester de regreso de Belgrado se estrelló en el aeropuerto de Múnich. Murieron 24 personas, entre las que figuraban ocho jugadores, seis de los cuales habían jugado en San Mamés.
En la siguiente ocasión en que el Athletic jugó la Copa de Europa, en 1983, tras la primera Liga de Clemente, le tocó enfrentarse al Liverpool. A los periodistas de Bilbao enviados a esa ciudad el club británico nos ofreció la posibilidad de una excursión en el autobús de su equipo.
Les dijimos con total sinceridad que nos gustaría conocer el estadio del Manchester United, Old Trafford, el teatro de los sueños, en recuerdo de la eliminatoria disputada en 1957. Manchester está a unos 50 kilómetros de Liverpool, y hasta allí nos llevó aquel maravilloso bus, que dio una vuelta por el perímetro del estadio mientras nos dejábamos invadir por la nostalgia.
Ignorábamos que el partido de hace 55 años contra el United no se había disputado en Old Trafford, que estaba en obras, sino en Maine Road, el campo del City, su enemigo secular. En fin, así es la vida, y así su memoria.
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