viernes, 6 de abril de 2012

Fotos._ Bosnia, 20 años después del inicio de la guerra




  1. Operarios colocan cerca del Parlamento las banderas de EE UU y Bosnia en diciembre de 1997, con motivo de la visita del entonces presidente Clinton a Sarajevo, dos años después de acabada la guerra. La misma avenida, en la actualidad.


  1. Un hombre porta madera cerca de la biblioteca de Sarajevo, destrozada por la artillería serbia, en enero de 1994. En la actualidad, la biblioteca sigue aún su proceso de rehabilitación.


  1. Cascos azules colocan una valla cerca de una iglesia ortodoxa y de la sede de una compañía en Sarajevo


  1. Un grupo de jóvenes sube a un carro de combate abandonado en el distrito de Kovacici, en febrero de 1996. La misma avenida ha borrado todo resto de la guerra.


  1. Otras dos fotografías de la plaza Skenderija de Sarajevo, en marzo de 1992 y en la actualidad.


  1. Una mujer hace la colada en las aguas del río Dobrinja, en Sarajevo, cerca del frente en agosto de 1993. En la actualidad, el cauce limpio del mismo rio.


  1. Edificio en llamas en el distrito de Pofalici de la capital bosnia, tras haber sido bombardeado por la artillería serbia. El mismo edificio, en la actualidad.


  1. Dos niños corren detrás de un carro de combate de las Naciones Unidas por la plaza Skenderia, el 10 de agosto de 1993. La misma plaza, en la actualidad.


Fotos._ La lluvia da una tregua al Jueves Santo





  1. Pies desnudos de un miembro de la hermandad de la Caridad de Córdoba.




  1. Este grupo de mujeres de la Hermandad de Zamarrilla, de Málaga, aguarda impaciente el comienzo de la procesión.




  1. Algunos de los penitentes de la Hermandad de la Sagrada Cena de Málaga.




  1. La noche del Jueves al Viernes Santo se vive con intensidad en muchas ciudades españolas, como Málaga. De allí es la hermandad de Zamarrilla, a la que corresponde esta fotografía.




  1. La imagen ha sido recibida entre aplausos y vivas por las centenares de personas que la esperaban a la puerta de la basílica. Han sido miles los que la han acompañado en su recorrido por las calles sevillanas.




  1. Un año esperando y toda la tarde temiendo a la lluvia. Finalmente, la hermandad de la Macarena ha podido sacar esta noche su estación de penitencia. Arrancaba así la 'Madrugá' sevillana.

Parque Warner ¿Esto es todo, amigos?

Llegó hace 10 años como la estrella de un modelo de grandes inversiones en ocio.

Hoy, mientras se sueña con Eurovegas, el Parque Warner subsiste abandonado por la Comunidad

 


La atracción de las Sillas Volantes, el jueves en el parque.


Hace 10 años el mundo era un lugar más amable. El futuro parecía sólido como el ladrillo, y los héroes encargados de salvar Madrid eran dibujos animados en lugar de dueños de casinos. Hace 10 años el presidente de la Comunidad era un invitado de honor en las fiestas de Piolín (hay fotos para probarlo) y no encolerizaba a las feministas cada vez que hablaba. 

Hoy hace exactamente 10 años, Alberto Ruiz-Gallardón pulsaba el botón de un mando a distancia de juguete para inaugurar el Parque Warner en San Martín de la Vega, el que iba a ser su gran legado en la Comunidad, la estrella de su modelo de crecimiento.

El aniversario es hoy, pero hace tres días la Comunidad entregó al parque un amargo regalo. La línea ferroviaria que unía Atocha y la Warner termina ahora a medio camino, en Pinto. 

La Comunidad asegura que el cierre del tramo, construido en 2002 para servir al parque, responde a su baja rentabilidad —190 usuarios diarios, para un coste de 3,3 millones al año—. Unos autobuses lanzadera unen Pinto y la infraestructura, lo que dificulta notablemente el acceso tanto a los visitantes como a los trabajadores del parque.

La decisión no solo amenaza con ser un mazazo económico, también tiene peso simbólico. El Gobierno regional se desvincula de su criatura, de la que llegó a poseer el 46%, en la que invirtió 368 millones, para la que construyó una línea de tren que costó 84 más y una autovía de 24 millones más. 

Un paso más en un proceso que huele mal desde que el año pasado Parques Reunidos, la actual gestora del parque, presentara un ERE para 88 trabajadores de una plantilla de 500. Desde que la empresa se hizo cargo, la cantidad de empleados se ha reducido el 40%, y eso ha supuesto menos servicios, y que muchos trabajadores hayan sido reabsorbidos como eventuales durante el verano, el único periodo del año rentable.

Grandes expectativas


Según el plan inicial, a partir de 2003 alrededor del parque iba a construirse un resort con hoteles, parque acuático y campos de golf, que acogería a uno de cada tres turistas que viniera a Madrid. Pero desde el inicio pincharon las expectativas. 

Se pidió paciencia para amortizar la inversión, se culpó al precio del petróleo, a la lluvia, al sol, a la falta de cultura lúdica europea… Ahora el parque ronda el millón de visitas anuales (contra los tres previstos) y en 2009, cuando se hizo la última estimación pública, su deuda rondaba los 200 millones. No hay datos más fiables porque Parques Reunidos rehúsa dar información que no tenga fines comerciales.

La línea ferroviaria que unía Atocha y la Warner termina ahora a medio camino, en Pinto

La operación parque temático despegó en 1996, cuando la Comunidad compró 544 hectáreas de suelo rústico en San Martín de la Vega. Gallardón, que pretendía reactivar el llamado Cinturón Rojo, en plena desindustrialización, aseguró que crearía allí “el parque temático más importante de Europa”, una instalación que permitiera al “sur de la región mostrar su capacidad de liderazgo económico con esta apuesta por una de las primeras industrias del país, la del ocio”. 

Los representantes de la Comunidad viajaron a Estados Unidos para convencer a los inversores de que Madrid era El Dorado por sus días de sol, las comunicaciones y su turismo.



Cataratas Salvajes de la Warner.


Era la época de la explosión recreativa: hasta 129 parques de todo tipo se levantaron antes de 2008, todos aupados sobre Administraciones que los apoyaron invirtiendo y arrastrando a las respectivas cajas de ahorros regionales. Por eso no extraña que Caja Madrid empezara teniendo un 21% de la Warner.

El proyecto comprendía 720 millones de euros de inversión privada y 1.200 empleos directos, más cientos de miles asociados. San Martín, una localidad de 10.000 habitantes, iba a cambiar la industria de desguace por el turismo.

Pero unos inicios más que titubeantes coincidieron con la salida de Gallardón de la Comunidad y la llegada de Esperanza Aguirre en 2003. A la presidenta nunca le gustó el parque. 

Unos creen que porque era obra de su rival dentro del PP, otros que no encajaba con sus preceptos, contrarios a cualquier inversión pública innecesaria (y esa es la razón de que Eurovegas le parezca atractivo: al proyecto de Adelson se le regalarán facilidades fiscales, pero no costará nada). Desde el primer momento anunció que se desprendería de sus acciones “en el momento más adecuado, puesto que la Administración no tiene por qué financiar montañas rusas”.

Fadesa entra en juego

 

‘El Señor de los Anillos’ se quiso instalar en la sierra


Hubo una época en la que España enloqueció con los parques temáticos. Siguiendo la estela de Eurodisney en París, abrieron el tarraconense Port Aventura, Terra Mítica en Alicante, Isla Mágica en Sevilla y la Warner en Madrid. Excepto la experiencia catalana, todos han acabado necesitando ayudas públicas, pero durante un periodo de 10 años hasta los proyectos más osados parecían destinados al éxito.

En un arranque de optimismo, en 2005 los alcaldes de la sierra norte de Madrid propusieron recrear el universo de El señor de los anillos<> de Tolkien. Argumentando la similitud entre sus paisajes y los de la versión cinematográfica que acababa de estrenar Peter Jackson, impulsaron la llamada Pequeña Tierra Media. “El proyecto, si sale adelante, creará en la zona 5.000 puestos de trabajo y convertirá la sierra norte en un inmenso parque donde cada pueblo representará una localización del libro”, contaba María Eugenia Gaztañaga, a la sazón alcaldesa de Gargantilla del Lozoya y Pinilla de Buitrago.

El parque se concebía como una ruta por los pueblos de la sierra, cada uno de los cuales se caracterizaría como un escenario de la saga (El Berrueco sería Hobbiton; La Hiruela, Rivendel, la patria de los elfos…). El único problema, al parecer, era que nadie quería ser Mordor, la casa de los orcos. En cada municipio, según el texto del proyecto original, “los artesanos de la zona hacen espadas, sacan miel, venden leche o trenzan las cabelleras como los elfos”.

En el artículo de este diario en el que se recogía la iniciativa, el alcalde de Buitrago de Lozoya era sincero sobre su acogida entre los vecinos: “Unos lo han recibido entusiasmados y otros piensan que vaya tontería que se nos ha ocurrido”.

Un par de años después de su inauguración, el PP dictaminó que el parque había fracasado y que la opción inteligente era recuperar lo invertido por medio de los terrenos alrededor del parque aún sin edificar. A finales de 2006, la presidenta vendió a la constructora Fadesa su parte de la sociedad que gestionaba el negocio por unos 40 millones de euros.

Tan seductora parecía la perspectiva para una constructora que el propietario de Fadesa, Manuel Jové, se reservó los terrenos del parque cuando vendió su empresa a Martinsa. Por supuesto, Bugs Bunny no le interesaba demasiado, y cedió la gestión de la Warner a Parques Reunidos, la original fundadora del Parque de Atracciones de la Casa de Campo y desde principios de siglo una empresa recogedor, propiedad de sucesivos fondos de capital riesgo que se dedican a comprar parques ruinosos para recapitalizarlos mediante recorte de gastos.

 Jové esperaba edificar los 667.000 metros cuadrados de suelo para usos comerciales, industriales y de servicios adyacentes a la guarida del conejo. Hasta que pinchó la burbuja.

 En 2010, en un movimiento desesperado, Jové y Aguirre incluso intentaron convencer a la Universidad de California para que abriese allí un campus, aunque el envite quedó en nada. Eso explica que ahora el parque sea solo un islote sumergido en un mar de terrenos baldíos esperando una utilidad.

Un par de años después de su inauguración, el PP dictaminó que el parque había fracasado y que la opción inteligente era recuperar lo invertido por medio de los terrenos

El miércoles fue el primer día sin tren para la Warner. Sería injusto juzgar la situación del parque por un día lluvioso no festivo de unas vacaciones escolares, sobre todo cuando su punto fuerte es el verano. No había nadie en las colas, sonaba U2 a toda pastilla en el aparcamiento vacío. 

Sí se pueden evaluar las nuevas dificultades que encierra llegar y volver a él: una espera de 40 minutos entre el tren en Pinto y la llegada del autobús, otra de casi una hora para hacer el recorrido inverso, falta de información a los visitantes… “Yo no me quejo de la lluvia, al revés, para una cosa así es mejor que esté vacío”, contaba Jaume Subirá, un ilerdense que bajaba por segunda vez de la misma atracción con su hijo de siete años, “pero deberían enlazar mejor los trenes y el autobús, porque hemos esperado en Pinto muchísimo”. 

Para más inri, al llegar al pueblo la oferta hostelera de los alrededores de la estación no presentaba muchas conexiones con un universo de la fantasía, más con uno de tragaperras y carajillos, así que la mayoría de familias optaron por sentarse en la acera a esperar el autobús.



Estación ferroviaria cerrada.


Lo visto en el parque encaja con las declaraciones de algunos trabajadores, que protestan porque la rentabilidad del parque ha subido en los últimos años gracias a los recortes en personal y sus salarios. En concreto, Comisiones Obreras relaciona las ganancias de cinco millones de euros del último ejercicio con una bajada de la masa salarial del 40% la década pasada. Lo cierto es que por las calles del parque no circulaba ningún Pato Lucas de peluche que intentara abrazar a los niños. Ya solo actúan en verano.

De lo que tampoco cabe duda es de que los niños se divierten. Corren excitados para entrar a la casa de Scooby Doo, mientras grupos de adolescentes en viaje organizado se sacan fotos como japoneses delante de las atracciones más altas. “¡Esto es la caña!”, resume Leire, venida de Valencia, sus experiencias en la montaña rusa. 

Cuando ella se baja los carros de la atracción vuelven a subir, esta vez ocupados por un grupo de adolescentes británicos que parecen ensayar vaciándose los pulmones para futuras hazañas en los bares de Salou, una oferta turística que sí que parece de momento imbatible.

 No hay colas, no hace calor y el cielo encapotado parece un mal asumible. “A un sitio así no se viene para ser crítico”, concede Paloma Cuartas, llegada desde Madrid por tren y bus pastoreando a cinco niños desatados como cinco demonios de Tasmania.

Hace 10 años, el día que fue inaugurado el parque, también cayó un tremendo chaparrón sobre los congregados: una extraña mezcla de autoridades y ejecutivos estadounidenses escoltados por el Gallo Claudio, la Guardia Civil de San Martín y Bo Derek. Estos días sigue lloviendo sobre la Warner.

 Poco a poco se ha convertido en lo que a menudo terminan siendo los parques de atracciones: un lugar que puede decepcionar a los adultos porque no es lo que se esperaba, pero al que siguen llevando a los niños porque se divierten como locos. 

Ellos siguen jugando ajenos a cualquier consideración, incluso a las fábulas del ladrillo.

Así mataban los soldados nazis

Un libro recoge inéditas escuchas secretas a los prisioneros alemanes

Revelan una sorprendente brutalidad gratuita

 



La famosa foto de un niño que levanta las manos ante soldados alemanes


“Me lo cargaba todo: autobuses en las calles, trenes de civiles. Teníamos órdenes de machacar las ciudades. Yo disparaba contra todos y cada uno de los ciclistas”. 

Así se despachaba el suboficial Fischer, piloto derribado de un caza Messerschmitt 109 en mayo de 1942 en una conversación con un colega en un centro de internamiento de prisioneros británico sin saber que estaba siendo oído por sus captores.

 “Hicimos algo muy bonito con el Heinkel 112”, explicaba otro aviador a un camarada en las mismas circunstancias y en tono jocoso. “Le instalamos un cañón delante. Luego volábamos sobre las calles a baja altura y cuando nos cruzábamos con coches encendíamos las luces y ellos se pensaban que tenían delante otro coche. Y entonces hacíamos fuego con el cañón”. “Reventamos un transporte de niños”, comenta creyéndose en la intimidad el marinero Solm, tripulante de un submarino. “Un transporte infantil… para nosotros fue todo un placer”. 

“En Italia, a cada lugar al que llegábamos, el teniente escogía al azar 20 hombres”, narra el cabo Sommer del regimiento blindado de granaderos número 29. “Todos para el mercado, se acercaba uno con tres ametralladoras –rrr…¡rum!- y todos tiesos. Así es como se hacía”. Sommer y su interlocutor, Bender, del comando de intervención número 20 de la Marina (una unidad especial de nadadores de combate con fama de duros), ríen a gusto…

Son algunos de los muchos testimonios terribles recogidos por los aliados en el marco de un programa de escuchas secretas sin precedentes que arrojó un material escalofriante sobre la forma de luchar y sobre todo de matar del Ejército alemán en la II Guerra Mundial. 

Ese conjunto de documentación inédito en buena parte ha sido diseccionado y estudiado ahora por dos investigadores alemanes, Sönke Neitzel, catedrático de historia moderna, y Harald Welter, psicólogo, ambos miembros del instituto de ciencias culturales de Essen, que han recogido su trabajo en el libro Soldaten (2011), recién publicado en España bajo el título Soldados del Tercer Reich, testimonios de lucha, muerte y crimen (Crítica, 2012).

Reventamos un transporte infantil, para nosotros fue un placer

Durante la II Guerra Mundial, Gran Bretaña y EE UU retuvieron a cerca de un millón de prisioneros alemanes (en las filas de la Wehrmacht combatieron 17 millones de soldados). De ellos varios millares fueron llevados a campos especiales preparados al efecto y sometidos a pormenorizadas escuchas. 

Cabe imaginar que a algunos de los oyentes les habrá costado mantener la frialdad profesional cuando oían por ejemplo explicar cómo el sargento primero berlinés Müller, tirador de precisión, se cargaba sistemáticamente en Francia a las mujeres que se acercaban con ramos de flores a los soldados liberadores aliados.

El Centro de Interrogación Detallada de los Servicios Combinados (CSDIC) británico levantó 16.960 actas de lo escuchado a escondidas a los soldados alemanes que suman cerca de 50.000 páginas, mientras que los estadounidenses también extrajeron mucho material de 3.298 prisioneros cuidadosamente seleccionados de la Wehrmacht y las Waffen-SS y recluidos en Fort Hunt, Virginia.

 La diversidad de los espiados es completa, con todos los currículos militares imaginables, desde soldados ordinarios, de tropa corriente, hasta generales. Los miembros de las unidades de combate y particularmente de los submarinos y de la Luftwaffe están especialmente representados.

Los prisioneros hablaban con total libertad entre ellos sin tener ni idea de que estaban siendo escuchados. Para animarlos, se introducía entre los cautivos a agentes, exiliados y prisioneros dispuestos a colaborar. Pero los mejores resultados se consiguieron colocando juntos a prisioneros de rangos similares y de la misma arma. Se pirraban los tíos por contarse unos a otros sus experiencias, sus vivencias de combate y los detalles técnicos de sus útiles de guerra, ya fueran aeroplanos, tanques, submarinos o morteros.

Neitzel se topó con los expedientes en el Archivo Nacional británico

Con las escuchas, los aliados pudieron formarse una idea muy exacta del estado, la moral y la táctica de todos los ámbitos del Ejército alemán así como de detalles técnicos de su armamento. Lo que no imaginaban los servicios secretos es que más de medio siglo después, los historiadores y psicólogos iban a encontrar un filón dorado –o más bien gris pánzer- en esa documentación. 

Neitzel se topó con los antiguos expedientes en el Archivo Nacional británico. “Había actas y más actas”, dice en el prólogo de su libro. “Quedé absorbido por la lectura de las conversaciones y me sentí transportado de inmediato al mundo interior de la guerra”. Lo que más le sorprendió, dice, “fue la franqueza con la que hablaban de luchar, matar y morir”.

Autores como Joanna Bourke (An intimate history of killing, 1999) o Samuel Hynes (The soldier’s tale, 1997) ya nos habían mostrado qué fácil y hasta placentero puede ser matar para el soldado. Y Wolfram Wette había revelado la culpabilidad homicida y criminal del Ejército regular alemán destripando el mito de una Wehrmacht limpia en contraposición a unas SS que se habrían encargado de las tareas sucias y de perpetrar los asesinatos en la II Guerra mundial (La Wehrmacht, Crítica, 2006). Pero Neitzel y Welter van más allá en su forma de exponer y analizar el impulso violento de los soldados del III Reich.

Probablemente lo más perturbador de las escuchas es constatar que para matar no hacía falta estar especialmente adoctrinado ideológicamente ni brutalizado por la experiencia bélica. 

En los testimonios se oye a los militares explayarse sobre acciones terriblemente violentas de una gratuidad absoluta, llevadas a cabo en situaciones en las que no estaban sometidos a ningún estrés y cuando no llevaban suficiente tiempo luchando como para haberse librado de la capa de civilización que supuestamente impide cometer actos así. Son ya extremadamente violentos de entrada, sin necesidad de ninguna introducción en la barbarie.

 Tipos que ni siquiera son especialmente nazis. Es como para perder la fe en el ser humano. “El acto de matar a otros y la violencia extrema pertenecen a la vida cotidiana del narrador y de sus interlocutores”, señala Welter. “No son nada extraordinario y hablan sobre ello durante horas al igual que hablan de aviones, bombas, ciudades, paisajes y mujeres”.

El libro aprovecha el material para diseccionar el ejército alemán

“Para mí, lanzar bombas se ha convertido en una necesidad”, dice un teniente de la Luftwaffe en una de las escuchas. “Emociona de lo lindo, es un sentimiento fantástico. Es tan bonito como cargarse a alguien a tiros”. En otra conversación, un aviador comparte el placer de cazar soldados solitarios desde su aparato “y también gente común”, que “corría como loca en zigzag”. 

El piloto llevaba solo cuatro días de campaña de Polonia y ya sentía gusto al matar por el simple hecho de hacerlo, con indiferencia de a quién alcanzaba. “Violencia autotélica”, la denominan Neitzel y Welter, matar por matar. Experimentar la sensación de ejercer ese último poder total, y sin castigo. “Esa clase de violencia no requiere de causa ni motivo”.

“Macho, ¡no sabes lo que me llegué a reír”, dice otro aviador que hacía saltar casas por los aires. Y otro: “Abatimos cuatro aviones de pasajeros”. “¿Íban armados?”. “Nones”. El teniente Hans Hartigs, del escuadrón de cazas 26, sobre un vuelo en el sur de Inglaterra: “Nos cargamos a mujeres y niños de cochecitos”. “Los dejamos a todos tiesos, secos. Hombres, mujeres, niños, los sacamos de la cama a todos”, cuenta el cabo paracaidista Büsing de sus acciones en Francia tras la invasión de los aliados.

 A veces se esgrimen motivos de una irrelevancia atroz: “A un francés le pegué un tiro por detrás. Iba en bicicleta”. “¿Te quería capturar?”. “Ni por asomo. Era que yo quería la bicicleta”.

Es un universal de la guerra el no necesitar motivos para matar

Soldados del Tercer Reich aprovecha el material de las escuchas para realizar una disección extraordinaria del Ejército alemán –desde el sistema de condecoraciones al trato a los prisioneros, la violencia sexual o las Waffen-SS, sin olvidar la participación de las unidades militares regulares en el genocidio judío o la diferencia de moral entre las diferentes armas-. 

La fe en Hitler –al que los soldados caracterizan con rasgos similares a los de una estrella del pop actual (!), la falta en general de conciencia entre las tropas de que se estuviera llevando a cabo una guerra racial como machacaba la propaganda, la importancia en cambio del grupo y la camaradería, el respeto que se daba a conceptos como el valor, la dureza y la disciplina y ¡al trabajo bien hecho!, o el juicio que se hace en las conversaciones de mandos como Rommel (“valiente, intrépido” pero “sin escrúpulos”), son algunas de las materias que examinan los autores.

Neitzel y Welter, que aportan ejemplos de militares de otras contiendas y sostienen que es un universal de la guerra que el soldado no necesita motivos para matar (“los motivos son indiferentes”, “mata porque es su función”), citan en el capítulo final el elocuente testimonio de un soldado alemán Willy Peter Reese, que cayó en la II Guerra Mundial. “El hecho de que fuéramos soldados bastaba para justificar los crímenes y las depravaciones y bastaba como base de una existencia en el infierno”.

“¿Cómo puede ser que mi hijo esté en prisión? Solo fue a una huelga”

Tres de los detenidos en Barcelona por los altercados del 29-M siguen en la cárcel

Las familias han recurrido el encarcelamiento dictado por la jueza

 



Salida de los juzgados de uno de los detenidos.


El jueves 29 de marzo, a las once de la mañana, un grupo de agentes de los Mossos d’Esquadra vestidos de paisano detuvo en la capital catalana a Ismael Benito y a Daniel Ayyash, de 20 y 19 años, estudiantes de la Universidad de Barcelona. 

Un poco antes, la policía arrestó también a Javier Padeo, de 30 años, licenciado. Los tres llevan una semana en prisión provisional: Padeo está acusado de cruzar contenedores en la calle y cortar el tráfico; los dos estudiantes, de quemarlos, cortar el tráfico y atentar contra la autoridad el día de la huelga general en Barcelona.

Ninguno de los tres pudo participar en los incidentes más graves que se vivieron por la tarde en la ciudad, y que acabaron con 80 heridos (seis de gravedad), porque ya estaban en comisaría. Ellos fueron los primeros en pasar a disposición judicial. Otras cinco personas afrontaron las penas de prisión pero eludibles con fianza de entre 3.000 y 4.000 euros. Solo uno de ellos ingresó (salió este jueves). De los otros 71 arrestados, ninguno se enfrentó a una petición de cárcel.

“¿Cómo puede ser que mi hijo esté en prisión? Solo fue a una huelga”, se pregunta Cristina Sala, madre de Ayyash. La titular del juzgado de instrucción número 18 de Barcelona, Carmen García, justifica la medida por el riesgo de que no se presenten ante el tribunal y por el peligro de que reincidan en otras citas en la ciudad de riesgo, como la reunión del Banco Central Europeo prevista el 3 de mayo, el derbi entre el Barcelona y el Espanyol, previsto para el 6 de mayo y el 1 de mayo.

 Los estudiantes no tienen antecedentes y viven con sus padres. Padeo estuvo involucrado en el sitio al Parlamento catalán el pasado 15 de junio, pero no ha sido juzgado aún. García es la única de los tres jueces que han tomado declaración a los detenidos en la huelga que ha dictado prisión sin fianza.

Amigos, partidos políticos, el entorno universitario e incluso el Colegio de Abogados de Barcelona y Girona se han volcado en la defensa de los jóvenes

“Nunca, ni en mis peores pesadillas, me podría haber imaginado algo así. Tengo un hijo ejemplar”, repite Isabel Altamirano, madre de Ismael. Ambas familias están desesperadas por la medida excepcional. Amigos, partidos políticos, el entorno universitario e incluso el Colegio de Abogados de Barcelona y Girona se han volcado en la defensa de los jóvenes. El diputado Joan Josep Nuet (ICV-EUiA) ha enviado una carta al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, para que intervenga a su favor.

Ismael está becado para estudiar Física, trabaja en la universidad y estudia 5º en la Escuela Oficial de Idiomas. “Me enteré de la detención por Facebook a las once de la noche”, recuerda su madre. Miembros de la Asociación de Estudiantes Progresistas, de la que ambos forman parte, le escribieron diciéndole que estaba en la comisaría del barrio de Les Corts de Barcelona. “No le dejaron llamar por teléfono.

 ¿Esto es la justicia española? ¿Dónde está el derecho de mi hijo?”, se pregunta. Altamira no ha podido verle desde entonces. “Es increíble”, solloza. Su marido, conductor de autobús de TMB, está de baja a raíz del arresto “Mi hijo estaba en el momento equivocado, en lugar equivocado”, se queja esta administrativa de Comarruga (Tarragona).

Daniel compagina con excelencia Física y Matemáticas. Su madre se enteró por un tío suyo que el joven estaba en comisaría. “Los amigos buscaron en las páginas blancas y, como tiene un apellido poco común, dieron con su tío y le preguntaron si era familiar”, recuerda Sala. “Yo creía que saldría, él también. Después, a las tantas de la noche, me dicen que ingresaba en prisión sin fianza y sin nada... No me lo podía creer”, explica. 

Cuando madre e hijo pudieron al final hablar por teléfono, el joven se echó a llorar: “Estaba deshecho, no entendía lo que estaba pasando”, cuenta Sala. En Terrassa, donde vive, se manifestaron decenas de personas a su favor y las hermanas de Daniel han recogido 30 testimonios que acreditan que jamás ha tenido actitudes violentas.

Los agentes les vigilaron durante más de cuatro horas mientras ejercían de piquetes informativos en la universidad y, según fuentes policiales, pueden acreditar con imágenes lo que hicieron.
 
Los dos han negado ante la policía las acusaciones. Los Mossos encontraron una mochila con petardos y líquido para encender barbacoas, que los jóvenes no reconocen como propia. Los agentes les vigilaron durante más de cuatro horas mientras ejercían de piquetes informativos en la universidad y, según fuentes policiales, pueden acreditar con imágenes lo que hicieron. Su familia pide presunción de inocencia y que sigan en libertad hasta que un juez decida si cometieron los actos vandálicos.

“Si les condenasen por ese tipo de delitos ni siquiera entrarían en prisión”, argumenta el letrado Jaume Asens, experto en movimientos sociales. En los tres casos, la fiscalía pidió cárcel para los jóvenes. “Había presión mediática”, asegura el abogado de uno de ellos, que añade que están “muy preocupados” por si no pueden acabar el curso.

“Es absolutamente desproporcionado. La juez cambia el papel de juez por el de profeta”, lamenta el abogado Benet Salellas, que defiende a Javiero. Su cliente, licenciado universitario, trabaja cuidando ancianos y estudia un máster para ejercer de profesor.

 También ha contado con todo el apoyo de su entorno. Al entender de Salellas, el “clima mediático” llevó a la juez a acordar la prisión como “medida ejemplarizante”. El consejero de Interior, Felip Puig, ha aplaudido la drástica decisión en contra de lo que él ha denominado “guerrilla urbana”. Las madres de los jóvenes los consideran “cabezas de turco”.

Las defensas de los tres encarcelados han recurrido la prisión. En el caso de los jóvenes, la jueza decidirá cuando regrese de vacaciones. Salellas ha apelado directamente a la Audiencia.

13 asesinados y ningún juez en Espinosa de los Monteros

El juzgado territorial ignora el hallazgo de esqueletos con orificios de bala

Futuros criminólogos visitan la fosa

Entre las víctimas de los falangistas hay cuatro mujeres y un chico de 16 años

 


La primera de las fosas abiertas.


En un macabro rectángulo de apenas ocho metros cuadrados se cuentan nueve esqueletos, todos boca abajo; uno de ellos corresponde a un menor, un chico de 16 años de nombre Claudio Sainz. Entre la tierra rojiza, a un metro de profundidad, las botas que llevaban el 20 de octubre de 1936 las víctimas asesinadas por los falangistas en Espinosa de los Monteros (Burgos) han aparecido bien conservadas. A solo 200 metros, hay otra fosa con los restos de cuatro mujeres. 

El proceso de exhumación comenzó el pasado lunes y aún queda trabajo para el equipo de especialistas que encabeza el forense Francisco Etxeberria, a los que se ha unido un grupo de 30 alumnos de la Universidad del País Vasco (UPV) y de la Autónoma de Madrid.

Familiares de las víctimas aseguran haber notificado el pasado 22 de febrero al juzgado de la zona, el de Villarcayo, la inminente exhumación. 

Pero ningún juez ha visitado las fosas. Un auto del Tribunal Supremo del pasado 28 de marzo establece que son los jueces territoriales los que deben practicar diligencias y personarse en las fosas en estos casos. En Espinosa de los Monteros aún no han visto a ninguno.

Para los estudiantes, la apertura de la fosa es su primer trabajo de campo, el paso a la práctica de los conocimientos adquiridos en sus clases de Criminología y Antropología Física. 

Virginia Jiménez, alumna de Etxeberria en el segundo curso de Criminología en la UPV, anotaba este jueves en una ficha todos los detalles del horror que se ha descubierto al cavar entre la acera y el jardín de la casita blanca que ocupa el número 12 de La Riva, uno de los pocos casos en los que la fosa se encuentra en un entramado urbano. 

“Tratamos de no perder la más mínima información para trasladarla a la investigación en el laboratorio”, explicó. 

Antes de la descripción de la fosa y de elaborar un croquis sobre la situación de los restos, los estudiantes recopilaron testimonios de familiares de los muertos. “Es la parte que corresponde a la psicología forense, conocer cómo viven en el entorno de las víctimas el proceso de hallazgo de los restos y su exhumación”, añadió. Es lo que los estudiantes de Criminología consideran “una buena clase práctica”.



Nueve esqueletos hallados en una fosa en Espinosa de los Monteros.


A solo 200 metros de ese jardín, la aparición de una peineta en uno de los cráneos demostró que tenían razón los vecinos de Espinosa de los Monteros cuando apuntaban a esa zona cuando se hablaba del lugar donde fueron a parar cuatro mujeres, asesinadas en el pueblo un día después que los hombres.

Virginia Jiménez y sus compañeros de investigación han descubierto en la primera fase de su trabajo que los restos presentan fracturas en el cráneo por entrada de bala, y huesos rotos en las extremidades, algunas previas y otras posteriores al fallecimiento, lo que lleva a interpretar que parte de las roturas fueron causadas por el maltrato anterior al fusilamiento. 

Entre los restos de las mujeres buscarán pruebas que determinen si una de ellas estaba embarazada. “Era la esposa de un preso fugado de la cárcel de Burgos, asesinada en represalia por lo ocurrido con su marido”, relataban los estudiantes después de conocer los detalles por el testimonio de los familiares allí presentes.

 Estos les han contado que se llamaba Amelia y era la nuera de Celestino Zorrilla, otro de los ajusticiados, enterrado en la fosa de La Riva. Zorrilla, propietario de una fábrica de alpargatas, murió a manos de los falangistas del pueblo por “socialista”. El menor hallado en la fosa fue acusado de pasar información al bando republicano.



Espejo hallado en la fosa de las mujeres.


No han encontrado ni restos de balas ni de sus respectivas vainas, por lo que se afianza la hipótesis de que no fueron asesinados en el mismo lugar donde fueron enterrados. “Es parte de la investigación que se desarrollará en el laboratorio”, señaló una de las especialistas de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. Las fotos que han realizado los técnicos y los estudiantes en prácticas han documentado el proceso y los detalles.

La zona se urbanizó hace unos 45 años. Hasta entonces no era más que un camino a las afueras del pueblo, donde se sabía con tanta certeza que estaban enterradas las víctimas de los falangistas que cada 1 de noviembre los familiares acudían a poner flores, como si fuera una tumba del cementerio. Cuando se construyó la vivienda unifamiliar en la parcela donde se ocultaba la fosa, respetaron el entorno.

Además de los estudiantes de Criminología, también acudieron a ver la fosa una decena de alumnos del máster de Antropología Física de la Complutense. El forense Francisco Etxeberria recuerda que a los grupos que han trabajado en las zanjas donde se arrojaron las víctimas del franquismo se han ido uniendo técnicos de distintas especialidades, pero hasta ahora nunca se habían incorporado estudiantes.



Técnicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y futuros forenses, en la fosa.


Después de cuatro días de trabajos la expectación ante la excavación se había reducido el jueves al mínimo en un día frío y lluvioso. La primera reacción al ver los esqueletos en el hueco abierto entre una acera y un jardín privado era el silencio. “Asistir a la apertura de una fosa común es una experiencia que cambia para siempre la apreciación”, defiende Etxeberria. 

El forense ha acumulado la suficiente experiencia en la apertura de más de un centenar de fosas del víctimas del franquismo para saber que los familiares no exageran al relatar lo que les han transmitido. “Se ha vuelto a demostrar que lo que cuentan, lo que se recuerda en los pueblos, es cierto”, dice. También sabe con certeza que la visión de la apertura de una fosa común cambia para siempre la forma de enfrentarse a la memoria histórica. Los estudiantes como Virginia Jiménez lo atestiguan.

Demasiados caballos para Rossi

El italiano, en segundo plano con una Ducati difícil en las curvas y un obús en las rectas

 


Rossi en Losail 


Pudo parecer Dios. Llegó con solo 17 añitos al Mundial y entró en el top 10. Al año siguiente ganó el campeonato de 125cc. Y le siguieron ocho títulos más. Conoció la victoria en las tres categorías y tanto con Honda como con Yamaha. Pero ha tropezado con la Ducati. Valentino Rossi es humano. Y depende, como el resto, de una buena máquina para hacer virguerías. En 2011 no la tuvo. 

Y este año todavía no la ha encontrado en su nueva Desmosedici. Por vez primera desde que asomara al Mundial en 1996, Rossi, de 33 años, no figura entre los favoritos. Para el italiano lo son Stoner y Lorenzo —los más rápidos en los primeros entrenamientos del año el jueves en Catar—; “y Pedrosa no estará lejos”, vaticina. “El año pasado tampoco era uno de los favoritos, pero todo el mundo quería pensar que sí. 

Esto es mucho mejor”, concedía después de reconocer que le queda mucho trabajo.

Tras una temporada desastrosa, sin el genio de Stoner y un desorientado Rossi, la casa de Borgo Panigale, ha decidido dar un giro radical a su proyecto en MotoGP. No ha abandonado su peculiar motor ni la característica disposición de los cilindros formando un eje de 90 grados. Sin embargo, sí ha cedido a modificar el chasis de fibra de carbono en el que iba integrado el motor, por el tradicional chasis de aluminio que tanto éxito ha dado a las fábricas japonesas.

El concepto de moto, además de integrar esos 1.000cc, es novedoso. En cambio, los problemas persisten.

 Y la confusión ha dominado al equipo este invierno: “Hemos tenido altibajos. Ha habido momentos en que no sabíamos qué camino seguir”, recordó. En la primera práctica de 2012 tampoco acertó: “Hemos hecho algunos cambios en la puesta a punto y nos hemos equivocado”, reconocía, no sin matizar que utilizó los neumáticos duros, a diferencia de su compañero Nicky Hayden, contento con el rendimiento de su Ducati y tercer clasificado, a cuatro décimas de Stoner.

“Calma, acabamos de empezar. La moto ha mejorado, pero esperemos a la clasificación para saber dónde estamos”, decía el estadounidense, que explicó que él no sufre los mismos problemas con el tren delantero. “Tenemos estilos diferentes”, resumía Rossi, que sigue sufriendo en las curvas —“Necesitamos un motor más dulce en aceleración, tenemos problemas para meter tantos caballos en esa moto, patina en la salida de las curvas”, dijo—, aunque se congratula de que la moto vaya como un tiro en las rectas. 

Una Ducati, la de Barberá, marcó la velocidad punta: 337km/h. “No estamos para el podio: lucharemos con el segundo grupo, con Spies, Crutchlow o Dovizioso”, augura el nueve veces campeón del mundo, hoy en un segundo plano.